Temuco 09 de junio de 2025 – Jairo Hott Reyes – CEO en Hermética

Hace unos días estuve en Perú junto a un grupo de empresarios, en el marco de una gira comercial que nos permitió vender presentar y conversar sobre nuestros productos tecnológicos para la educación superior.
Esta experiencia me llevó a reflexionar sobre la significativa lentitud con que muchas de estas instituciones en Latinoamérica se apropian de tecnologías disruptivas, que ya están transformando la forma en que los estudiantes aprenden y los profesores enseñan en el mundo.

¿De Verdad tan así? Veamos…

La inteligencia artificial generativa (IAGen) vino a patear el tablero. Cambió las reglas del juego en la enseñanza y en la gestión académica. Y no es exageración. Su potencial es tremendo: tutorías adaptadas y personalizadas, automatización de correcciones, generación de contenidos… y un largo etcétera. Pero lo más interesante no es solo lo que puede hacer, sino cómo y cuánto se está adoptando en los distintos niveles educativos.

En Chile, la velocidad de apropiación es desigual, y eso –aunque suene contradictorio– es una tremenda oportunidad para que las startups tecnológicas nacionales desplieguen soluciones ágiles, localizadas y con impacto real, mientras las grandes instituciones apenas comienzan a escribir sus marcos éticos.

¿Por qué avanza lento la IAGen en la educación formal?

  1. Procesos estructurales: Cambiar un plan de estudios o actualizar un reglamento curricular puede tardar años. Literalmente.
  2. Cultura y competencias digitales: A muchos docentes aún les falta formación o confianza para usar estas tecnologías. Y se entiende: hasta hace poco, el uso de inteligencia artificial estaba limitado o derechamente prohibido en varios contextos educativos.
  3. Normativas recién naciendo: Solo en 2025 el Ministerio de Educación emitió directrices oficiales. Las universidades aún están debatiendo sobre ética, autoría y propiedad intelectual.
  4. Restricciones financieras y conectividad desigual: Las escuelas rurales y muchas zonas públicas siguen sin acceso básico a internet de calidad, equipamiento, ni presupuesto para capacitación.
  5. Entonces… ¿por qué las startups sí tienen ventaja?
  6. Acceso democratizado: Hoy cualquier emprendimiento puede usar modelos avanzados vía API. La misma tecnología que usa un gigante global, puede estar en manos de una pyme chilena.
  7. Iteración rápida: Mientras una universidad implementa un piloto en dos años, una startup puede lanzar y testear su solución en tres meses.
  8. Soluciones de nicho: Las startups pueden crear herramientas específicas para el currículochileno o responder a necesidades regionales sin pasar por estructuras rígidas.
  9. Alianzas público-privadas: Pilotos con colegios o institutos aceleran la transferencia tecnológica y permiten aprender juntos.

¿Y cuánto se demoran las instituciones en adoptar esto?

Mientras tanto, las startups tienen una oportunidad única de posicionarse como socios estratégicos, demostrar con hechos que esto no es solo humo, y escalar soluciones antes de que la brecha se cierre. La clave está en una innovación ágil, con responsabilidad ética y foco en desafíos locales.

La Araucanía se ha consolidado como un emergente polo tecnológico en el sur de Chile, y gracias al impulso de Araucanía Digital, este ecosistema está comenzando a visibilizar con mayor claridad oportunidades concretas de innovación. Si logramos capitalizar este momento, en el corto plazo podríamos habilitar una nueva generación de desarrollos que no solo transformen los procesos educativos desde lo local, sino que también contribuyan, de forma tangible, a mejorar la calidad de vida de las personas.

¿Estoy soñando… o es verdad?