
06 de marzo de 2025
Por Tania Yovanović Catepillán – Presidenta Corporación Araucanía Digital
Para ser honesta me gustaría que no tuviéramos que estar recordando el 8M, y que ya nuestra sociedad fuera equitativa, en todo sentido. Pero aún no lo es, y debemos con firmeza, avanzar para lograrlo. Mientras tanto, el Día de la Mujer nos invita a pensar sobre el camino recorrido y el que aún nos falta por construir. En el mundo de la tecnología, esta conversación se hace más urgente que nunca. No se trata solo de aumentar el número de mujeres en este ámbit, si no que se trata de asegurar que tengamos voz, influencia y oportunidades reales para liderar.
Si miramos la historia, la tecnología no siempre fue un espacio de exclusión femenina. Mujeres pioneras, como Ada Lovelace, estuvieron en la vanguardia de la computación. Pero en algún momento de la historia, el relato cambió. Se instauró la idea de que la tecnología era «cosa de hombres» y muchas puertas se nos cerraron y otras se pusieron difíciles hasta la actualidad.
Hoy, estamos en un momento de transformación. La inteligencia artificial y la automatización están redefiniendo el mundo laboral y la forma en que nos relacionamos. Pero el futuro que armemos dependerá de quiénes estén tomando decisiones. Y ahí es donde seguimos viendo una brecha preocupante.
En Latinoamérica, solo el 18% de los puestos tecnológicos son ocupados por mujeres. En áreas como la IA, la representación es aún menor. Y ojo que no es una cuestión de talento, ya que las mujeres hemos demostrado, una y otra vez, que nuestro aporte en innovación y liderazgo es atómico. Es una cuestión de acceso, de visibilidad y de romper los sesgos que aún persisten en contrataciones, oportunidades, sueldos y financiamiento.
Desde mi trabajo en transformación digital y estrategia de inteligencia artificial, he visto cómo la diversidad en los equipos no solo es un tema de justicia social o equidad divina, sino también de mejores resultados (es un buen negocio). Empresas con mayor diversidad de género en sus equipos tecnológicos son más innovadoras, más creativas, más rentables, más resilientes y logran una mejor imagen de marca.
Pero no basta con aplaudir los avances una vez al año, como dije al principio. Necesitamos compromiso permanente de todos y todas:
• Más acceso a formación en tecnología desde edades tempranas, con referentes femeninas visibles.
• Redes de mentoría y apoyo, que conecten a mujeres que recién comienzan con quienes ya han abierto camino, y apoyo por su puesto de los hombres (logramos mejor si trabajamos en colaboración).
• Políticas empresariales concretas que impulsen la equidad salarial, la conciliación laboral y la promoción de mujeres a cargos de liderazgo (y con mismos sueldos que los hombres)
Este 8 de marzo es un buen momento para celebrar a todas las mujeres que están impulsando el cambio en tecnología, a todos los hombres quienes apoyan el cambio, pero más aún, para reafirmar que nuestro compromiso no es solo un día. Es una acción permanente, en cada empresa, en cada política pública y en cada conversación que tenemos sobre el futuro digital que queremos construir.
Porque la transformación digital no es solo sobre tecnología. Es sobre personas. Donde las mujeres no debemos seguir siendo una minoría.
¿Estamos listas y listos para cambiar la historia?